Tanto el proceso de Planificación como la metodología que conduce a la elaboración de propuestas de desarrollo de la red de transporte requiere de una profunda revisión. El proceso actual es lento y rígido. La metodología ignora la incertidumbre sobre la evolución de los escenarios a los que el diseño de la red debe dar respuesta y propone soluciones que tienen un tiempo de maduración aparentemente incompatible con el ritmo actual de transformación del sistema eléctrico.


Por otra parte, una operación del sistema esencialmente manual y con actuaciones predominantemente preventivas corre el riesgo no poder dar las respuestas adecuadas al cambio que está experimentando el sistema eléctrico como consecuencia del desplazamiento de la generación síncrona por aquella que se conecta a través de electrónica de potencia.

En este articulo abordamos una reflexión sobre ambos aspectos, desarrollo y operación de la red, que apunta a la necesidad de un cambio de paradigma en la Planificación y en la operación para que ambas ofrezcan las respuestas adecuadas a los retos que plantea la transición energética.

Introducción: PNIEC, transición energética y desarrollo de la red de transporte

Los objetivos del PNIEC no se están materializando a la velocidad prevista ni en el lado de la oferta/generación ni muchísimo menos en el lado de la demanda. Una cosa son los planes y otra cosa es el aterrizaje de estos en la realidad. Esto último tiene poco que ver con las voluntades políticas y mucho que ver con su viabilidad técnica y económica (precios de los distintos equipos y sistemas, precios de la electricidad y capacidad de inversión en el contexto actual).

Así pues, se ha avanzado en generación renovable pero el ritmo de crecimiento es claramente insuficiente en caso de la eólica o corre el riesgo de ralentizarse o incluso frenarse en el caso de la fotovoltaica que, en ausencia de un crecimiento del consumo (su electrificación va muy por detrás de las expectativas que proyecta el PNIEC) o de almacenamiento de energía, no encuentra quien financie los nuevos proyectos y peor aún con proyectos que ya están en servicio buscando desesperadamente una refinanciación.

Se está en espera del crecimiento del consumo que, salvo en lo que se refiere a los nuevos consumos vinculados a la economía del dato y el vehículo eléctrico, no parece que vayan a despegar rápidamente. La otra vía para estabilizar el desarrollo de las renovables pasa por la hibridación de esta con sistemas de almacenamiento y/o el desarrollo de las soluciones de almacenamiento “stand alone”. Hasta hace poco al menos, los “números” no salían y esto ha dado lugar a que las expectativas del PNIEC en materia de almacenamiento queden también y por el momento muy alejadas de la realidad (1).

Además, el crecimiento de la generación renovable se agota no sólo por efecto de la “canibalización” creciente de la fotovoltaica, se agota también localmente por unas redes con vertidos crecientes (2) y por un sistema cuya estabilidad reposa en un modo de “operación reforzada” que va en detrimento de las renovables, de la competitividad de la industria y del bolsillo del consumidor.

En cuanto a la red hay una Planificación aún vigente que es la 2021-2026 y desde diciembre de 2023, está en fase de elaboración la Planificación 2026-2030. La Planificación vigente ha necesitado hasta ahora dos procesos de modificación, uno en 2024 y otro en 2026, este último incluye esencialmente actuaciones identificadas a raíz del apagón de abril 2025.

Sobre este telón de fondo, creemos que hay un componente del sistema eléctrico que merece análisis específico y urgente: el desarrollo de la red de transporte. pues son las redes las que hacen posible el desarrollo y la electrificación del consumo (tanto de los nuevos como de los resultantes de la electrificación de los existente) y son también y sobre todo, la columna vertebral sobre la que reposará la seguridad energética en una economía descarbonizada. Sin redes adecuadas, la generación renovable se vierte, la demanda no se desarrolla ni se electrifica y el sistema opera en un estado de tensión creciente, trasladando sus costes —en forma de restricciones técnicas y operación reforzada preventiva— a la factura del consumidor y a la competitividad industrial.

Planificación, los procesos administrativos. Lentitud del proceso de aprobación de la planificación y de la ejecución de esta

El desarrollo de la red de transporte de electricidad está atado a dos “mecanismos” administrativos, los que rigen el proceso de elaboración y aprobación de Planificación y por los que debe transitar REE para poder ejecutar las instalaciones aprobadas en la Planificación. Ambos “mecanismos” están pensados para asegurar el correcto desarrollo del sistema eléctrico y el cumplimiento de la legislación en una situación normal de desarrollo del sistema eléctrico y tienen como denominador común su lentitud y su rigidez, características ambas que los hace esencialmente inadaptados a periodos, como el presente, en los que se debe producir una intensa transformación de sistema eléctrico y todo ello y supuestamente al intenso ritmo que marca el PNIEC.

Desde el inicio de un proceso de Planificación hasta su aprobación transcurren no menos de dos años y medio. La Planificación que finalmente se aprueba llega hasta el último detalle (¡incluye hasta el interruptor que habilita la conexión a la red!) y cualquier necesidad de adaptación o modificación (eliminación o ampliación de esta) requiere de la movilización de mecanismos – Modificaciones Puntuales y Adaptaciones técnicas- discrecionales en su aplicación y, sobre todo, lentos en su ejecución.

Con este esquema tan lento y rígido no hay garantía de que las actuaciones incluidas en la Planificación estén todas ellas adaptadas a la resolución de las necesidades reales del sistema ni tampoco que lo estén todas las actuaciones realmente necesarias para atender esas necesidades. Esto último es lo que ponen en evidencia las restricciones técnicas. La red de transporte se diseña bajo unas hipótesis de magnitud y de ubicación de generación y demanda acordes -en valores agregados y en zonas de ubicación de la generación futura- con los supuestos del PNIEC. Sin embargo, tanto la magnitud como la ubicación real de ambas puede ser diferente de la supuesta en el PNIEC lo que genera una inadaptación de las redes a la realidad que termina trasladándose a su operación y que se traduce en restricciones técnicas cuyo coste se traslada al precio de la electricidad.

Pero no termina ahí, una parte de las actuaciones que se incorporan en la Planificación son las de construcción de nuevas líneas de transporte que necesitan, en promedio europeo, de 10 años desde que se detecta su necesidad hasta su puesta en funcionamiento. Lo dice la Agencia Internacional de la Energía y a ese dato nos referimos pues esa información en el caso de España no es pública. La brecha entre necesidad y ejecución de las nuevas líneas eléctricas de transporte hace necesario, además de un rediseño y/o agilización. Esto último y en al menos una parte, parece una tarea al alcance de la IA de los procesos de tramitación y de autorización, un replanteo del proceso de Planificación y del tipo de soluciones que se deben incorporar en la misma para agilizar su implantación y para dotar a la red resultante de flexibilidad para adaptarla a escenarios futuros difícilmente previsibles.

En contraste con las actuaciones como las nuevas líneas, las actuaciones que tienen lugar en una subestación -como la incorporación de un desfasador (3)- requieren, según la Agencia, de algo más de dos años. Cinco veces menos. Si consideramos los tiempos de fabricación (procurement) seguramente eses dos años se incrementarán notablemente, pero aun así no alcanzarán los tiempos medios de ejecución de las líneas.

Así pues, una vez que se planifica una línea y se inicia su tramitación transcurrirán dos Planificaciones actuales hasta su puesta en servicio. Cuando esta ocurra la necesidad de la línea ha podido mantenerse o intensificarse, pero también ha podido decaer como consecuencia de los cambios de ubicación y magnitud de la generación y del consumo con relación a los previstos al elaborar la Planificación en la que la línea encontró su justificación. Si la necesidad de la línea ha decaído pero el correspondiente proyecto ha adquirido un “grado de madurez suficiente” se incluirá en Planificaciones sucesivas hasta su ejecución.


Incluso si la necesidad de la línea no se ve cuestionada en Planificaciones sucesivas, ocurre que los nuevos proyectos de consumo y de generación. requieren de entre dos y cinco años para su puesta en servicio y por consiguiente las líneas requieren de mucho más tiempo para su ejecución que el que requieren las actuaciones de generación o de demanda que las motivan. Esta inadaptación de tiempos dará lugar a restricciones de evacuación en el caso de la generación y, previsiblemente, pérdida de oportunidades en el caso del consumo.

Así pues, la lentitud en el despliegue de la red de transporte que necesita el desarrollo del PNIEC está directamente relacionada con la lentitud del proceso de Planificación y del proceso de autorización de (determinadas) actuaciones planificadas y, este último, directamente relacionado con el tipo de soluciones que esta contempla.

El reciente RDL 7/2026 ataca, aunque sólo en parte, las limitaciones del proceso de Planificación incrementando la frecuencia de su elaboración (cada tres años en lugar de cada cinco) e introduciendo mecanismos de actualización cada dos años en lugar de en periodos indeterminados (actualizaciones discrecionales).

También contempla un mecanismo alternativo a las Modificaciones de Aspectos Puntuales de la Planificación cuando se trata de incluir en ésta una nueva posición. Aunque estas modificaciones introducidas en nuestra regulación de la Planificación apuntan a dotar al mecanismo de planificación de mayor flexibilidad  y de una mejor adaptación de la misma a la incierta trayectoria de la profunda transformación que impone la TE al sistema eléctrico,  no atacan ni la duración del proceso de Planificación, ni la revisión de los criterios de decisión para la inclusión de nuevas actuaciones (especialmente cuando éstas están motivadas por el consumo), ni la coordinación con los gestores de la red de distribución, ni el tipo de actuaciones que deben ser priorizadas, ni la idoneidad de la metodología utilizada.

Planificación: la necesaria revisión en profundidad del proceso y de la metodología de la Planificación. No basta la mera adaptación, como la que introduce el RDL 7/2026, de un proceso ideado hace ya más de 20 años
El enfoque de la Planificación persigue dar una respuesta eficiente a la pregunta siguiente: ¿Qué red se necesita para materializar los objetivos que fija el Gobierno a través del PNIEC? El ejercicio de Planificación lo que persigue es construir la infraestructura necesaria que hace posible el futuro que identifica el Gobierno (4) y diseñar para ello una red coherente con ese objetivo. Luego, el futuro ideado será o no será y la red que se diseñe será o no la que el sistema eléctrico futuro necesite.

Si abrimos ese enfoque para tener en cuenta la incertidumbre sobre el futuro y elaborar una planificación que dé respuesta a la pregunta ¿Qué inversiones en red son útiles en la mayoría de los futuros plausibles? Tendremos que plantear múltiples escenarios con objetivos de largo plazo (por ejemplo, cero emisiones en 2050) reflejando tanto distintos caminos como velocidades para alcanzarlos frente al análisis de un escenario objetivo único.

La definición de los escenarios debe hacerse juntamente con los distribuidores, debe estar abierta a las distintas administraciones afectadas y/o interesadas, de modo muy particular las CCAA como responsables que son de la ordenación de sus territorios, y a los sujetos interesados y debe, tal y como ocurre ahora con el escenario derivado del PNIEC, contemplar las 7860h de un año completo para reflejar las características estacionales tanto del consumo como de la producción renovable.

Los escenarios los supervisa y aprueba el regulador, garantizando su alineamiento con la política energética, así como la neutralidad de estos frente a los posibles intereses de los gestores de las redes.