La revolución industrial debería rebautizarse como revolución energética, pues consistió en que los humanos aprovechásemos la energía que la naturaleza había acumulado en forma de carbón a lo largo de millones de años; y la aprovechásemos para desarrollar el transporte y la producción de bienes, que antes recaían casi exclusivamente en la fuerza humana y en la de algunas bestias de carga.

Las economías modernas se basan en un adecuado suministro de energía para su funcionamiento y, por ello, la planeación de un sistema energético es la base de los demás planes de desarrollo de cualquier país. Por tal motivo los proyectos de desarrollo energético se hacen con la mayor previsión. Es común ver programas de desarrollo energético nacionales a 50 años o cuando menos a 30.

En nuestro país, han habido programas de desarrollo eléctrico de 30 años, que desgraciadamente se modifican constantemente y eso equivale a hacerlos nulos o al menos muy ineficaces. En la CFE tendrán ahora algún programa de desarrollo a largo plazo, pero éste no es público como debiera ser.

En casi todos los países del mundo, sobretodo en los más desarrollados, se están presentando programas de desarrollo nucleoeléctricos muy importantes. A fines del siglo pasado se frenó mucho la instalación de centrales nucleares a causa de una serie de accidentes como Chernóbil y Fukushima. Esos accidentes nucleares se produjeron por cadenas de eventos que con una serie de medidas que se han tomado, difícilmente se repetirán.

La demanda eléctrica ha venido creciendo a tal ritmo que no existe ninguna otra alternativa para satisfacerla.

La utilización de las así llamadas “energías limpias”, básicamente la solar y la eólica, han crecido mucho y eso es muy bueno, pero desgraciadamente son fuentes muy limitadas, tanto en magnitud como en estacionalidad.

Un punto fundamental que debemos considerar cuando hablamos del desarrollo a largo plazo es el calentamiento global.

Hasta hace no muchos años, hablar de calentamiento global era como hablar de fantasías. Sin embargo, ya nadie puede negar que estamos viendo los primeros efectos de este fenómeno que repercuten en la vida de todos nosotros.

La principal causa de este fenómeno de calentamiento global es la contaminación de la atmósfera con gases de bióxido de carbono, y la principal causa de esa contaminación es la utilización tan intensa de combustibles fósiles, como lo son el carbón y los hidrocarburos.

La enorme infraestructura que hemos construido, a nivel mundial, basada en el uso de combustibles fósiles, no nos permitiría prescindir de ellos sin tener que regresar a una vida muy primitiva. Pero es fundamental disminuir lo más posible su utilización. Y, al menos por ahora y por un tiempo impredecible, la única alternativa es la nuclear. Técnica y científicamente no hay otra alternativa.

Para el caso específico de nuestro país, desgraciadamente y por causas desconocidas, la energía nuclear se ha dejado a un lado en los programas del sistema eléctrico. Debiera al menos decirse públicamente cuál es la razón para ignorar esta alternativa.

Hace ya casi medio siglo se construyó la central nucleoeléctrica de Laguna Verde y desde que comenzó a operar ha sido un importante apoyo al abasto eléctrico de nuestro país. Esa planta cuenta con dos reactores que estaban diseñados para operar 30 años. Sin embargo, al concluir ese plazo, considerando su buen estado y su buen aporte, se decidió prolongar su operación. Por eso ahí sigue apoyando la satisfacción de nuestro consumo eléctrico.

Un programa eléctrico de largo plazo que considere en forma importante la núcleoelectricidad, se puede diseñar y desarrollar de tal forma que además de satisfacer la demanda de energía, apoye, de forma importante, el desarrollo científico, técnico e industrial de nuestra nación. Tal es el caso de varios países, pero en especial el de la India, donde el programa nuclear fue la base del admirable desarrollo que está alcanzando ese país.

Por todas estas razones, urge definir un programa energético de México donde se hagan planes de muy largo plazo y donde la energía nuclear, sobre bases nacionalistas, deberá tomar un papel muy importante.